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HIMNOS


 Nobles Tercios

NOBLES TERCIOS
 


Era el año de 1942 cursaba yo la preparatoria, en el área de Médicos, cuando el Padre Enrique
Torroella, Rector del Colegio, interrumpió mi hora de recreo para llamarme a su oficina. Me
hizo ver que se tenía desde tiempo atrás, la intención de que nuestro Instituto contara con un
Himno, que fuera representativo del mismo, y quedara en labios de las posteriores
generaciones. Tuve una gran emoción al sentir que en ese momento me hiciera el exhorto de
escribir un himno para mi escuela al tiempo de sentir la grata responsabilidad de saber que
se me hubiera hecho tal designación.
Ese día, camino a mi casa fui pensando el mensaje que habría de contener la composición,
ya que no se me indicó lineamiento alguno que debiera seguir. Esa misma noche, después de
terminar la tarea escolar, tuve la intención de concentrar mis ideas para escribir los
decasílabos que lo conforman.
Al día siguiente presenté al Sr. Rector mi trabajo, y después de analizarlo en una forma
minuciosa, me indicó su aprobación y satisfacción. Al atardecer, recibí una llamada
telefónica en mi casa, era el Padre Palacios, quien me ratificó que el texto presentado había
sido aceptado y seria el Himno oficial de nuestra escuela, habiéndome felicitado en ese
momento por la letra.
Por aquellos días, yo trataba de aprovechar mi tiempo libre tomando clases en el
Conservatorio Nacional de Música. Estudiaba un instrumento musical que siempre me ha
apasionado, el violín. Ahí conocí a Juan José Gutiérrez Mendoza, poseedor de un buen talento
musical, quien fue invitado por el propio Rector a través de un "maestrillo" del Patria, Carlos
de la Peña, para vestir al Himno, con la música que faltaba.
Así como se formaron las letras, fueron creadas en un lapso de un día, las notas musicales,
lo cual fue aceptado por las autoridades escolares, y con ello quedó conformada la
composición que con tanto orgullo y solemnidad se cantó en todos los eventos escolares
importantes tales como misas, graduaciones, reuniones, etc..
Aún ahora que nuestra escuela ya no existe sicamente, esta belleza musical se sigue
interpretando como un homenaje a la memoria de todos los integrantes del Instituto Patria
que desfilaron por sus aulas, y que con orgullo pertenecen al Ejército de Cristo, llevando en
su mente el ideal del Patria: BUSCAR LO MEJOR.
Al momento de escribir la letra del Himno, estaba en mi mente la reciente terminación de la
Guerra Civil Española, y con ello venía a mi memoria la actuación de los TERCIOS, que no
eran más que-la unidad militar típica de la infantería de ese país, equivalente a un regimiento.

 
 
Recuerdo que por mis clases de historia universal, que los Tercios fueron creados por el Rey
Carlos I en el año de 1534, cuando el ejército dividía su infantería en grupos o “tercios”, que
ocupaban cada uno un frente de batalla, y obtenían una ventaja al momento de atacar. Al
frente, pecho a tierra disparaban los fusileros; un segundo grupo de rodillas en el plano medio,
y el tercer contingente, de pie, abría fuego desde el plano alto. Con ello se lograba un ataque
nutrido y compacto ante el enemigo, en una formación cerrada.
Ignacio de Loyola, (Iñigo López de Recalde), nacido en la casa torre de Loyola en Guipuzcoa,
Provincia Vascongadas, hacia el año de 1491, adoptó esa formación, que posteriormente
significó unión de propósitos en sus ejércitos de lucha, abrió fuego al unísono para combatir
al ma1, y significó para él, un apoyo mutuo del grupo de hombres que luchaban por un
sublime ideal.
Ese fue esencialmente el argumento que me orilló a invitar a la juventud estudiosa del
Instituto Patria, a unirse y entonar el canto que marca la búsqueda de las metas propuestas
durante la vida estudiantil.
No podía dejar de hacer referencia al lema que los integrantes del Instituto Patria llevamos
siempre corno una consigna: BUSCAR LO MEJOR. Esta idea quise dejarla en la parte media
del himno, con el propósito de que se conjugara el espíritu de lucha español, y el entusiasmo
y espíritu de triunfo de la juventud mexicana.
El ejemplo que nos legaron Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Francisco de Borja, es una
ineludible consigna, por ello era indispensable plasmar su memoria en a1gunas de las
estrofas. Los dos primeros convivieron una parte de sus vidas, hasta que Francisco Javier
recibió la encomienda de Ignacio para partir a las Indias en una misión evangelizadora, lo
cual obedeció con fervor y humildad. Al haberse concretado su partida, San Ignacio escribió
algo así:
"Le di la bendición, y le dije: yo te bendigo, Javier, que-Dios bendiga tus hechos, a grandes
empresas vas, y no hay peligro más cierto que este, de que arrebatado por el afán del suceso,
se te derrame por fuera lo que has de llevar dentro. La vida interior importa más que los actos
externos. Pídele a Dios cada día más fuerzas y menos precios, y que a la Gloria, siendo Gloria,
le tengas siempre miedo". Finalmente, durante su misión por las Indias, Francisco Javier
murió el 3 de diciembre de 1552.
San Francisco de Borja, otro jesuita destacado, quedó perpetuado en nuestra obra musical,
como un homenaje perenne, ya que su nombre estaba propuesto para nuestro Instituto.
Si la primera estrofa menciona a Cristo, en la última no debía olvidarme de su Madre, de la
Morena del Tepeyac, que nos dejó unas rosas como muestra de su presencia en ese lugar y
del amor a nuestra Patria.
 
I
Tal y como está presente en nuestro Himno el ejército español, también tuve la necesidad de
referirme al Escuadrón Mexicano que dignamente representó a nuestra nación en la Segunda
Guerra Mundial. Al momento de referirme a él, terminaba su misión en el Pacífico,
defendiendo con la frente serena la causa de la alianza, y como un exhorto a la juventud
mexicana, quise hacer una reflexión de la defensa en favor de lo que tanto apreciamos.
Mi más ferviente deseo, es que mis compañeros alumnos del Instituto Patria, sigan llevando
en el corazón el cariño hacia nuestra escuela, que fue el mudo testigo de muchas horas de
convivencia. El grato recuerdo de nuestros directores y maestros, quienes nos dieron las bases
para ser hombres de bien, capaces de dar lo mejor de nosotros mismos en favor de nuestros
ideales. El amor de nuestros padres, cuyos sacrificios y desvelos solamente se pueden
corresponder tratando de seguir su ejemplo; y finalmente el poder llevar con nosotros a
Cristo, como un amigo a quien debemos proyectar hacia los demás.
Finalmente, quiero felicitar calurosamente a la Generación 1964 de nuestro Instituto Patria,
por llegar ahora al trigésimo aniversario de haberse graduado como Bachilleres, reciban mi
aprecio y reconocimiento. Hago votos por su bienestar y el de sus familias, con el deseo que
sean muchos años más de unión, amistad y compañerismo ejemplar.
Creo firmemente que la amistad estudiantil debe prevalecer, por ser ella un recuerdo perenne
de los días en que se tuvieron similares metas e ideales, convivencia, recuerdos inolvidables
y por ser una base de lo que ahora somos.
Reciban mi cordial saludo.
Jorge Balcázar Padilla
Tampico, Tams., noviembre de 1994

Autor: Jorge Balcázar Padilla

Nobles tercios de Cristo en batalla
con el pecho vibrante de amor
entonad entre el fuego que estalla,
un gigante y solemne clamor.

Juveniles espíritus fuertes
que sonáis con sublime ideal
envolved vuestras épicas suertes
en gloriosa epopeya triunfal

Nuestro sueño será la victoria,
nuestro lema "buscar lo mejor",
nuestro olímpico premio la gloria,
que es esfuerzo, entusiasmo y amor.

Aprendamos constancia en Loyola,
y la fiebre fecunda en Javier,
y el amor que gozoso se inmola
en las aras del sacro deber.

Es la hispánica estirpe de Borja,
y blasón de nobleza y de luz,
y esperanza el colegio que forja
en la "patria" su nombre y su cruz.

Escuadrón de la Virgen Morena
siempre alertas estad al vivac,
defended con la frente serena
vuestras rosas que os dio el Tepeyac.

 

 


Marcha de San Ignacio de Loyola 

Fundador sois, Ignacio y general
de la Compañía real,
que Jesús con su nombre distinguió.
La legión de Loyola con fiel corazón,
sin temor enarbola la Cruz por perdón.
Lance, lance a la lid fiero Luzbel,
a sus monstruos en tropel.
 

De Luzbel las legiones se ven ya marchar,
y sus negros pendones el sol enlutar;
Compañía de Jesús, corre a la lid.
¡A la lid! 

Del infierno la gente no apague tu ardor,
que ilumina tu frente de Ignacio el valor. 

Ya voces escúchanse de trompas bélicas,
el santo ejército sin treguas bátese
y alza sus lábaros en la batalla campal,
fiel presagio del lauro bélico y de la paz.
Del lauro y de la paz.
 

Colaboración de Mari Carmen Quintana

 

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